Muchos adultos esperábamos que, llegado el momento de acompañar a un niño o adolescente en el proceso de crecimiento, la experiencia de vida y los años nos ayudaría a ser una especie de faro para ellos. La tecnología cambió nuestra realidad: para muchos adultos, el mundo de los niños y adolescente de hoy -atravesado por dispositivos, aplicaciones, programas y nuevas formas de socialización- es un espacio impenetrable e inescrutable en el que, por primera vez en la historia, la lógica de la transmisión del conocimiento cambió de lugar. En muchos casos los más jóvenes dominan la tecnología mucho mejor que los adultos que los rodean, algo inusitado para aquellos que nacimos antes de 1984. Antes era natural aprender de nuestros padres. Hoy la moneda corriente es que los adultos aprendamos sobre tecnología de los más jóvenes que nos rodean. Y estamos desconcertados por eso.

Sin embargo, nuestro rol de adultos sigue intacto aunque no sepamos usar la última aplicación o estemos dando nuestros primeros pasos en el entendimiento de los smartphones, las tablets o las consolas no sólo desde lo técnico sino especialmente en relación a cómo impacta en el día a día de los más jóvenes. Los niños y adolescentes siguen necesitando de nuestra guía para atravesar los aprendizajes de cada etapa, la adquisición de conductas de auto-cuidado y el discernimiento de qué cosas son buenas para ellos y cuáles no. Es menester familiarizarnos con esos espacios que son fundamentales hoy en el moldeado de la personalidad y en los procesos de socialización a edades cada vez más tempranas. Los chicos de hoy siguen necesitando de nuestra guía tanto como nosotros necesitamos la de nuestros adultos de referencia en las etapas más tempranas de nuestra vida. Hay cosas que a pesar de todo no han cambiado tanto.

Como tía de tres chicos de 18, 11 y 5 años, he acompañado a los adultos de mi entorno a entender y usar la tecnología como un elemento necesario para la educación y el vínculo con los más jóvenes de la familia. En ese proceso comprendí la necesidad imperiosa de generar espacios de encuentro y capacitación para que madres, padres, tías, tíos, abuelas y abuelos compartan sus inquietudes, dudas, problemas y también sus propios procesos de aprendizaje ante el cambio de esta era. Adaptarse es lo mejor que un adulto puede hacer hoy por los más chicos.

Busco compartir mis aprendizajes con otros que estén en la misma búsqueda que tuve que atravesar, y que es un proceso continuo.  ¿Qué necesitás vos para acompañar a los más jóvenes de tu familia? Enviame un mensaje para a entender cómo puedo ayudarte.

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